13.4.09

Manuel Rivas

Las llamadas perdidas es el título del libro, de Manuel Rivas, que Ana está leyendo o mejor dicho devorando estos días. El libro consiste en un total de veinticinco historias cortas, totalmente inconexas, excepto por la mirada astuta, socarrona y profunda de su autor.

La semana pasada Ana me leyó parte de la octava historia, titulada La confesión, que me gustaría compartir, pues me parece absolutamente genial.


LA CONFESIÓN


¿Qué le dices? ¿Qué le dices a un chico cuando él se te arrima mucho?
Le digo que no se arrime tanto.
Pero, si él te gusta, ¿verdad?, dejas que se arrime algo.
Algo. Algo, sí.
¿Cómo de algo? ¿Mucho?
¡No, mucho no!
Y en ese algo que tú dejas que se arrime...
¡No, si yo no le dejo!
Has dicho que algo sí.
Un poco. Sólo un poquito.
En la confesión no se miente. Recuerda que estás hablando con Dios. ¡Cuéntale a Dios la verdad! Después te sentirás mejor, más limpia. ¡Ya verás! Dime, dime una cosa: En ese poco, ¿tú notas su cuerpo?
¿Su cuerpo? ¡No, su cuerpo no!
¿No sientes sus brazos?
Sí, sus brazos sí.
¿Y sus hombros?
También.
¿Sus piernas?
A veces.
Cuando es muy lenta la música, ¿no sientes su rodilla abrirse camino entre tus piernas?
Yo no dejo que abra mucho camino.
Pero ¿cuánto dejas?
Un poquito, ya le dije.
¿Y las manos? ¿Dónde pone él las manos?
Es un baile de pareja.
¿Dónde las pone?
En la cintura.
En la cintura, ¿dónde?
¿Dónde va a ser? En el talle, en la cintura.
Ya. Pero ¿más arriba o más abajo?
Por el medio.
¿Y no baja? ¿No baja a veces la mano?
A veces, la baja. A veces, la sube.
¿Y tú lo dejas subir y bajar?
Un poco. Para cambiar de postura. Pero sin pasarse.
¿Qué haces si se pasa?
Ponerle el freno.
¿Cómo lo frenas?
¡Me pongo tiesa!
Pero, si él insiste, y si él te gusta mucho, mucho, ¿no te rindes? ¿No cedes?
¡No padre! Tengo la tentación pero me aguanto.
¿No te dejas ir aunque sólo sea un momentito?
Puede ser. Un momentito, sí.
¿Y qué notas en ese instante?
Su corazón.
¿Seguro que no notas nada más?
No. Sólo su corazón.
¡Retumba!
¿Retumba?
Sí, retumba.
Dime una última cosa. Si cuando lo frenas, él sigue adelante, ¿entiendes?, él persevera ¿tú qué haces?
Le digo que no me trepe.
¿Qué es lo que le dices, muchacha?
¡No me trepes!
Repítelo, repítelo, por favor.
No me trepes.

Se había entretenido Había entretenido en la casa de las costureras. Se rieron con ganas, hasta llorar de risa, cuando ella les fue desvelando la confesión.
COSTURERA 1: ¡Pobre! ¡Se enamoró de ti, marisa!
COSTURERA 2: ¿Enamorarse? Ese cura nuevo es un vicioso, ¡te lo digo yo!
COSTURERA 1: Lo que pasa es que se aburre con las papa-hostias. Cuando pilla a alguna moza, no quiere soltarla.
COSTURERA 2: Y tú, ¿por qué no le paraste los pies?
Lo pensé al principio, dijo Marisa. Pero después... No sé. Fue como ponerse a jugar con él a las palabras. (...)

1.4.09

Fernando X. González

El pasado 12 de marzo viajé a Madrid por cuestiones de trabajo y sobre todo para ver la espléndida exposición de Francis Bacon en El Prado, la cual recomiendo absolutamente.

Para sorpresa mía, esa misma semana se había inaugurado en la galería Estampa una exposición de Fernando X. González, un pintor Argentino afincado en Paris. Su pintura siempre la había visto a través de Internet y aunque me había llamado la atención he de admitir que no me entusiasmaba, tenía la sensación que era una pintura pobre y sosa. Por suerte este viaje me ha dado la oportunidad de ver su obra en directo, y reconozco que me ha sorprendido gratamente, y ahora la encuentro vigorosa, inteligente y con mucha sustancia.

Sin duda si alguien en estos días se decide a viajar a la capital para ver a Bacon, merece la pena pasarse por la galeria para ver esta exposición cuyo montaje, como es habitual en la galería es esplendido, de una pulcritud y sencillez que favorece mucho a cualquier pieza allí colgada.