Lo confieso. Llevo unos meses utilizando la reconocidísima escuadra de madera que junto al compás se han convertido en una imagen inseparable de Antonio López. ¡Que atrevimiento!
Mi periplo por pintar del natural me ha enfrentado a problemas que antes no se me presentaban. Una de ellas es cómo medir las distancias. Ya sé que la mayoría utiliza el ojo y la aproximación, pero si necesitas una aproximación más exacta ¿qué haces?
Creo que cualquier persona que me haya visto pintar en los talleres, observará que pinto a ciegas, con un tira y afloja con la realidad y el cuadro, lo que me deja siempre en un estado de indefensión. Y la verdad, si encima debo añadir un interrogante más a la ya perturbadora búsqueda del color exacto, la luz, el peso, la presencia, la gravedad, etc… ya anticipo que no acabaría nada.
Y aunque ahora estoy encantado, he de reconocer que no ha sido fácil tomar la decisión de hacerlo. Cómo podía atreverme a coger una herramienta tan identificada con el trabajo de otro pintor. ¡Eso no se hace! He buscado miles de maneras y cálculos pero todos me llevaban al mismo lugar: la escuadra de madera y el compás. Algo que, como bien me explicaron Jacobo Alcaide y Jorge Abad, muchos otros artistas y escuelas ya utilizaban desde hace mucho tiempo, para afrontar dichos problemas de medición.
El mundo de la pintura es muy peculiar, todo el mundo está en alerta. La paleta (colores), los temas, las pinceladas y las herramientas, todo es tabú. Pero en cambio nadie se alarma si un fotógrafo usa la misma cámara de fotos, papel, tiempos de revelado, etc. que otro. Y lo mismo ocurre en la escultura (con las herramientas de medición), en el grabado, el cine, la música o la escritura. Y yo me pregunto, ¿qué ocurre con la cuadricula o el proyector? ¿no son métodos de otros artistas?
Pero lo que me despejó de toda duda fue el propio arte con sus múltiples lenguajes, fórmulas y resultados. El arte ¿quién lo construye? ¿los pintores con su mirada o los instrumentos que usan?
La humanidad lleva siglos creando con una pluralidad tan grande que es difícil, para mí, quedarme con un periodo en concreto. Y aunque ahora esté de moda recuperar toda la escuela (oficio) del siglo XIX como máximo exponente de calidad; sin embargo yo siento la misma inquietud observando un bodegón de Zurbarán que uno de Morandi. Y si los retratos de Al Fayum no comparten técnica con los de Bacon y éste mismo con los de Velázquez, pero me impresionan del mismo modo, ¿En qué lugar deja eso a la técnica? ¿Necesaria? ¡por supuesto! ¿Clave? en absoluto.
Cuenta Julio Vaquero, que cuando le comentó a Antonio López sobre la importancia de la técnica, haciendo referencia a la cámara oscura de Vermeer, Antonio le contesto: "Tonterías, la cámara oscura la tenían muchos pintores de la época y no todos llegaron al nivel de Vermeer". Y no le falta razón, porque si cogiéramos a cinco pintores, les diéramos los mismos colores, pinceles e incluso la técnica de Antonio López y les hacemos pintar la Gran Via, realmente tendríamos cinco cuadros como La Gran Via de Antonio? Y es que como decía Antoni Tápies, "El artista debía a aspirar no a depurar una técnica, sino a volverse cada día más culto".












